Aflora en mí la humeante incertidumbre,
espesa como un neumático ardiendo.
Nauseabundo me muevo entre muertos
y a quién darle la mano no encuentro.
Apestan las palabras de la gente
queriendo mostrar osadía.
Apestan los pétalos de sus Flores de Baúl
¿Por qué tenemos que andar
camuflados entre la gente?
Me pesa tanto su automático transcurrir
como la mochila de libros inservibles.
Domésticos mamarrachos
con sus dióxidos de carbono,
sus rubias de plástico,
sus musculosos de plástico.
Sus hijos, pobres, de plástico.
Falsos viajeros de 5 estrellas.
Aspirantes de la superficialidad.
Los detesto tanto, insulsos.
¿A quién abrirnos
cuando pintan la vida de gris,
cuando se pintan la cara, el traje,
los días de gris?
Cuánto tardamos en abrir los ojos
romper la comodidad del sofá,
y desenmascarar al payaso
que se burla de nosotros.
No ríe ni dibujada la lágrima tiene.
Nos arden los ojos rojos
de llorar la desgarradora idea
de perdernos entre ellos
o de siempre saber que estamos solos.
¿A quién gritamos? si estúpidos
sordos hacen muecas de satisfacción.
Nahuel López Pontón.